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Deudas y deudos

A José y Anita
Yo lo sentí entrar como a las siete, despacio, cariacontecido, vacilante. Al ratico me llamó, como todos los días, para que le ayudara a quitar las botas y las medias para la circulación. Yo aproveché para conversarle, pero él seguía muy callado. Yo agarrando esas verracas medias desde arriba, y jale duro, durísimo. Y mientras resoplaba aprovechaba para preguntar bobadas a ver si me decía porqué era que andaba así. Pero el abuelo respondía con unos soplidos de pecho extraños, casi comunicándose con las tripas más que conmigo. Después de lucharle un rato pude quitarle las medias de compresión y las puse dentro de las botas de caucho. Ahí fue que se metió detrás de la puerta del clóset y me dijo que no iba a comer fríjoles hoy, que le mandaran una mazamorrita a la pieza y ya. Como a ustedes ya no les gusta ir conmigo al cafetal, como ustedes salieron fue poetas, dijo también, mientras se desabotonaba la camisa manchada de pintura roja. Y yo le respondí que sí abuelito, sí…

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