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Crónica de un intento de crónica

Me fui para Fredonia a buscar voces del derrumbe de Combia. En Julio de 1995 uno de los Cerros donde está construido el pueblo se vino encima de un barrio y mató, hirió y dejó sin casa a sus pobladores. Yo no olvido la tragedia porque mi familia y yo nos chocamos en la carretera que va de Fredonia a Venecia con un carro que llevaba al pueblo ataúdes para niños. Nosotros íbamos para la finca en un Nissan Sentra. El espejo retrovisor del carro voló y le hizo una cortada en la cara a mi hermano, que dormía. No pasó nada grave pero a mí la idea de los ataúdes de niño no me ha dejado de dar vueltas en la cabeza. Mi hermano tiene una cicatriz recta en un cachete, casi invisible, marcando ese día. «Fue un sábado», me dice Don Omar, un vendedor de aguacates. «Yo me salvé de milagro porque estuve allá mismito, trabajando en una cañuela para que corriera el agua, hasta el  mero viernes. Pero mi dios es muy grande y terminé justo ese día, hermano. Yo me salvé de esa y la cañuela no sirvió. …

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