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Un lápiz mordido

La punta estaba afilada y lista para herir susceptibilidades, para romper la línea defensiva de un amor imposible, o para llenar cincuenta circulitos de respuesta del ICFES. Yo lo guardé en la mochila, le dije que muchas gracias y me fui para la casa en un bus rojo que dice Rosellón. Sentado, mientras el bus se movía –a duras penas- entre el tráfico de la ciudad anaranjada a las cinco y media, abrí la mochila para sacar el lápiz mordido y escribir una cosa que se me ocurrió, debajo de una inscripción que había en el espaldar de la silla de adelante:

MAGDA TE AMO Y QUIERO QUE CONSTRUYAMOS ALGO JUNTOS
Yo agregué:
Llévesela pa Home Center
Me sentí muy bien escribiendo eso. Me sentí brillante, literario. Me reí un rato, todo sobrador, y me puse a jugar a girar el lápiz entre mis dedos haciéndolo pasar de un lado a otro de la mano. Cuando llegué a la casa, un cuarto dehora después de mi debut grafitero/literario, me dio por seguir escribiendo cosas. Cosas que yo tenía desde siempre en la cabez…

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