EL TOCAYO

Ésta foto fue tomada en Santo Domingo Antioquia el 17 de Enero de 2008, el día en el que se le celebró el aniversario al ilustrísimo Don Tomás Carrasquilla.

Que Tomás Carrasquilla caminaba por las Calles de Santo Domingo cuando la comitiva, espresidente a bordo, se trepó a ese pueblo en las montañas antioqueñas para celebrarle el cumpleaños 150. El 17 de Enero, Si señor. Que siempre y sí hizo la visita, se sentó en un murito de la plaza a ver qué se decía dél, a ver que bobada inventaban. Allá estuvo como una hora pero se cansó de tanta lisonja y más bien aprovechó para darle una vueltica al pueblo, el pueblo donde nació y tuvo casa de esquina. Le sorprendió, eso sí , que una negra fuera dizque Ministra de Cultura, y fue a la única que aplaudió porque se le pareció mucho a Frutos. Se comió un rollo rosado con cobertura de coco y no le gustó porque estaba muy fresco. Siempre le gustó la parva dura porque así era que se la comía cuando estaba chiquito como Simón el mago. Se acordó que había venido también por un librito que se quería llevar pal cielo y subió al segundo piso de la escuela a la biblioteca del tercer piso, pero fue que no lo dejaron entrar porque llegó un vigilante y le dijo que la administradora estaba en las celebraciones que le estaban haciendo a él. Con mucha verriondera, Tomás le explicó al joven que era que él no podía volver, que si no se la podía llamar, pero el otro le respondió, ya perdiendo la paciencia también, que era que hoy estaban en el pueblo un espresidente, la primera cucha, una ministra y meros manes más importantes para celebrarle el cumpleaños a un cucho escritor de acá de Santo Domingo, que si era que él no sabía o qué. Que no juera ignorante. Ahí si Tomás se fue poniendo rojo, muy rojo de la ira, y le dijo que bueno, que bueno, que entonces lo dejara recorrer el colegio un rato. El muchacho se fue diciéndole que Ojo cucho que te tengo vea, y se puso un dedo debajo del ojo y le mostró la pielecita roja quiai detrás de las pestañas, pero Tomás se hizo el bobo y subió al tercer piso del Colegio a hacerse el atembao’ pa aburrir al muchacho que finalmente terminó fue yéndose a ver si alcanzaba a aunque sea a conocer de vistas a la primera cucha. Aimismito Tomás aprovechó y bajó y metiendo la mano por un huequito, abrió la puerta desde adentro. Se paseó por entre sus libros y le pareció que había muy poquiticos y aimismo pensó que seguramente se los había quedado la familia dél o la de Pacho Rendón. En todo caso, estuvo allá un rato contento porque no hay nada que le parezca más sabroso a un escritor que estar en su biblioteca. Finalmente cogió un libro, se lo metió debajo de la Ruana, y salió del colegio. Ya no había tanta gente porai rumbando, seguramente se estuvo en la biblioteca mucho rato y ni se dio cuenta. El viento era el mismo viento que lo acarició de chiquito y Tomás se sintió contento recorriendo las calles de su pueblo. Se pasó por su casa y encontró un montón de muebles raros que nueran dél, entonces más bien se fue porque así no le gustaba tanto su casa esquinera. Cuando la tarde ya estaba cayendo y Santo Domingo se pone gris, y la gente se le empieza a esconder al frío, se dentró a una heladería y se tomó un tinto. Estaba ahí tranquilo oyendo unos Dominicanos hablando dél cuando gritaron desde muy cerca, ¡CÓJALO, CÓJALO! Y no oyó más porque un señor lo agarro fuerte de los brazos y le hizo una llave a la espalda. Cuando volvió a reaccionar vio al muchacho del colegio que le decía al policía, ese es el cucho que estaba en la biblioteca ahora, ese fue el que se llevó el Quijote, Escúlquelon y verés. Entonces el señor que sosteía con fuerza los brazos de Tomás le alzó la ruana y le encontró el librito que él se quería llevar pal cielo. Ah, con que si cucho marica, no ves que hoy cumple años un escritor muy teso que jué el que hizo esa biblioteca, tiene uno que ser muy desgraciao’ pa venisen a robar este libro justo hoy. Tomás se defendió, atolondrado como estaba, diciendo que era que ese libro era dél y que pa onde él iba era más tedioso que acá y como en esa época los que crearon la biblioteca lo habían hecho pa desaburrisen, pues que le dejaran quedarse con él que pa desaburrise era. Los otros lo miraron agresivos, y le dijeron que dejara de ser mentiroso cucho malparido, que más bien te voy a es a hacer es pasar una noche en la comisaría por irrespetuoso con el señor ese escritor que había conseguido esos libros tan caros y viejos. Pero Tomás seguía hablando y diciendo que era que nadie entendía ese libro porque era en español antiguo y eso era más enredao’ quistai. Pero los otros le dijeron que no fuera ratero y que se callara y que más bien dijera la verdad que era que él se lo robaba porque ese libro valía las lucas. Carrasquilla entonces más bien se quedó callao’ y se dejó llevar a la comisaría. Lo encerraron en una celda diciéndole más y más groserías. Al otro día, de camino al trabajo, el policía vio uno de los afiches del evento del día anterior en el que aparecía un retrato de Carrasquilla y se le pareció a alguien, pero no supo quién y no le paró más bolas. Cuando entró a la comisaría, no encontró el libro que había dejado en el cajón del escritorio ni tampoco a Tomás que se había ido la noche anterior a donde debía estar, a la diestra de Dios Padre.

Comentarios

Anónimo dijo…
Muy buen cuento, aunque se podría hacer una descripción más breve de Santo Domingo. Felicitaciones
ociopintoresco dijo…
gracias, Don Anónimo, lo tendré en cuanta!
marielena dijo…
buenisimo...mucha imaginacion...otro que me atrapo..

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